
Lucila da Costa Moreira, indígena Nawa del estado Acre en Brasil ha elevado un mensaje contundente en Naciones Unidas: el territorio es un bien innegable para los pueblos indígenas, pues es su derecho y herencia como guardianes del territorio. “Lo que tenemos para dejar a nuestros hijos y nietos es nuestra tierra, nuestra cultura, nuestra sabiduría, nuestros ancestros que nos dan fuerza para sobrevivir. Dicen que somos un atraso. No lo creo. Creo que somos vida” afirmaba Lucila durante el Caucus Indígena previo al Foro Permanente de las Naciones Unidas sobe la Cuestiones Indígenas.
Por: Equipo de Comunicaciones de REPAM
En agosto de 2024, la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), llevó a cabo la cuarta edición de la Escuela para la promoción, defensa y exigibilidad de Derechos Humanos; la coordinación del espacio estuvo mediada por el Núcleo Derechos Humanos e Incidencia Internacional de REPAM y su lugar de ejecución fue la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. En este escenario, el pedido del pueblo Nawa tomó fuerza y se vinculó a un proceso que le permite llevar a cabo acciones de incidencia en escenarios internacionales, usando las herramientas trabajadas con expertos en materia de derechos. Lucila da Costa Moreira (Lucila Nawa), durante la última semana ha dado una muy buena representación de los frutos de la escuela de derechos humanos en un escenario importante para la toma de decisiones como Naciones Unidas.
El registro de caso, realizado por el Centro Indigenista Misionero (CIMI), ante la escuela de derechos humanos de REPAM, da cuenta de la situación que vive el pueblo Nawa de Acre desde hace tiempo. Y es que, en medio de la negación y no reconocimiento de su existencia, se gestó la creación del Parque Nacional Sierra del Divisor, un área protegida que aunque promueve la conservación de especies y ecosistemas ha encontrado una seria contradicción al negar una serie de dinámicas sociales y de subsistencia propias del pueblo Nawa. Según ha reportado el CIMI, las estrictas disposiciones de la administración del parque, no permiten la gestión autónoma de recursos por parte de los indígenas; a ello, se suma que solo hasta 2023 se ha reconocido la existencia del pueblo Nawa y que aún hoy viven con muchas limitaciones territoriales.


Una carretera y la lucha por la demarcación
La realidad de la zona fronteriza entre Brasil y Perú es compleja. Ambos países cuentan con áreas protegidas, administradas por los estados, bajo el nombre “Sierra del Divisor”; las legislaciones aunque autónomas, se construyen con un fuerte desconocimiento de las realidades indígenas; para el caso de Perú, existe un fuerte desapego de todo aquello que pasa por el cuidado territorial, en buena parte de la población indígena. Los registros de la Diócesis de Cruzeiro do Sul, presentados a la Escuela para la promoción, defensa y exigibilidad de Derechos Humanos, muestran un panorama muy complicado en esta zona fronteriza y que además de ser el hogar de los Nawa, alberga un buen número de pueblos indígenas en situación de aislamiento y contacto inicial.
Para 1970, se empezó a discutir sobre la construcción de una carretera que conectara las ciudades de Pucallpa (Perú) y Cruzeiro do Sul (Brasil), como una forma de integración de infraestructura latinoamericana, respondiendo a una plataforma de proyectos aprobada por 12 estados del continente. Por parte del Perú, el Congreso de la República aprobó la apertura de la carretera hasta la frontera con Brasil. El trazo parte en dos la Reserva Indígena Isconahua, una demarcación territorial en donde habitan pueblos aislados. A todos los problemas que acarrea el contacto forzado que se propicia, se pueden añadir las dificultades por las que pasaría el territorio Nawa (hoy disputado y en conflicto), ante un escenario que abre las puertas a la extracción de recursos naturales (particularmente madera) descontrolada y a la apropiación de tierras para el establecimiento de monocultivos como el de soja. También, se puede alertar de lo que pasaría con los grupos dedicados al narcotráfico, presentes en la zona, y que operan con facilidad debido al bajo nivel de monitoreo, vigilancia y acompañamiento que llevan a cabo Policía y Fuerzas Armadas.
Todo el contexto y las proyecciones muestran un oscuro panorama que acrecienta la crisis por la demarcación territorial. En Brasil, se han abierto licitaciones para definir el futuro de construcción de la carretera y sin una figura legal reconocida, el pueblo Nawa no tendría un sustento de reclamo, ante el Gobierno de Brasil, para pelear por sus derechos en posibles escenarios de vulneración. Lucila Nawa, durante el Caucus Indígena que antecedió a la apertura del Foro Permanente de Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, hizo referencia a la demarcación del territorio de su pueblo y la relación con el estado brasileño y afirmó que: “No ha habido un trabajo del Gobierno. Nosotros mismos nos reunimos y realizamos nuestra autodemarcación. Mujeres, hombres, ancianos y niños realizamos la demarcación de nuestro territorio por cuenta propia, porque nosotros sabemos dónde inicia nuestra tierra, sabemos dónde buscar nuestra alimentación y nuestra fibra”.

La experiencia del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas
El proceso que la REPAM tiene para la formación y promoción de DDHH e Incidencia Internacional conlleva una 3ª Fase: la experiencia práctica en espacios internacionales. Desde 2017, el equipo de Incidencia Internacional del Núcleo de DDHH acompaña a las personas que han participado en las Escuelas y a los casos de vulneración de derechos humanos, colectivos y de la naturaleza que viven sus pueblos y sus territorios. Lo hace ante organismos internacionales como Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), y en los meses de abril, en el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas que es un escenario esencial para ello. En el de este año se han elevado los pedidos del pueblo Nawa: “Lo que vamos a dejar a nuestros hijos y a nuestros nietos es nuestra tierra, nuestra cultural, nuestra sabiduría…nuestra ancestralidad. Por eso, necesitamos fuerza para sobrevivir”, firmó Lucila Nawa en este escenario,resaltando el valor del territorio y la necesidad de reconocimiento que se mantiene.
“Los indígenas no necesitamos dinero para sobrevivir; necesitamos de nuestra tierra, nuestra agua, nuestros bosques” acotó la lideresa indígena, ante el Caucus. Se espera que la experiencia de asistir a un espacio como el foro permita encontrar las formas de acción, para hacer prevalecer los derechos de los Nawa y otros pueblos indígenas. Se espera que surjan recomendaciones y acciones a ejecutar, del diálogo colectivo con el Relator de Pueblos Indígenas de Naciones Unidas. Las gestiones finalizan este domingo, pero el trabajo estratégico de la incidencia política en favor de los derechos humanos se sigue asumiendo y llevando a cabo desde los diferentes frentes.