
Fechada el 24 de mayo de 2015, en el marco de la fiesta de Pentecostés, y publicada oficialmente el 18 de junio del mismo año, la encíclica Laudato si’ de autoría del Papa Francisco nos conduce a una profunda reflexión social y ecológica que, a partir de la espiritualidad, nos invita a actuar en favor de la ecología integral. A través de ella, escuchamos el clamor de la Tierra y de los más vulnerables. Eso sí, a más de una década de su publicación, las dinámicas globales no hacen una efectiva aplicación de la encíclica.
Por: Equipo de Comunicaciones de REPAM
Podemos empezar por mencionar una de las ideas más profundas de Laudato si’: como raza humana, debemos comprender que la crisis ambiental es también una crisis social, en donde la dignidad de los seres humanos juega un papel fundamental. Y es que, la idea planteada por el Papa Francisco nos muestra que la contaminación, la pérdida de biodiversidad y la cultura del descarte generan grandes sufrimientos; son las personas más pobres y vulnerables quienes se ven impactadas de forma negativa por los extractivismos, por la acumulación de basura foránea que ingresa a los territorios como parte del comercio depredador y por la falta de fraternidad que genera la industria global. Es por ello, que no podemos separar la protección de la naturaleza de la necesidad de justicia para la humanidad.
El avance tecnológico, crucial en los procesos de transformación de materias primas, ha estado al servicio del poder económico; su aplicación contribuye a la degradación de tierra por parte del sector agroindustrial y a la alteración de las fuentes de agua (elemento vital) en prácticas de extracción como el Fracking, por mencionar algunos ejemplos. En Laudato si’ se establece que la tecnología debe estar al servicio del bien común. La pregunta es ¿el poder económico y los gobiernos están dispuestos a promover una ciencia que vaya de la mano con la ecología integral? Actualmente, el fin último es la productividad, la acumulación de divisas y la jerarquía económica, dejando en un plano lejano el sentir ecológico y la protección de la vida.
Laudato si’ nos recuerda que los recursos de la Tierra son bienes de toda la humanidad y que, por ende, las futuras generaciones tienen derecho a disfrutarlos. Así, se cailifca a la propiedad privada como un escenario con función social. La realidad dista mucho de este postulado; las grandes multinacionales en alianzas con los gobiernos, reparten la cantidad de recursos existentes dentro de esa dinámica que genera una jerarquía económica global y cuya finalidad es la acumulación de capital a costa de la vida y dignidad de los más vulnerables.
En el contexto de nuestro tiempo y como lo resalta la encíclica, escuchar el clamor de los pobres y de la Tierra es una obligación ética. Cada uno de los gobernantes, las empresas, las instituciones y la humanidad en general están llamados a cumplir con este llamado. Sin embargo, el contexto es totalmente distinto; el desinterés y el individualismo han encerrado al mundo en una burbuja económica donde la fraternidad queda relegada. Por ello, al tratar de responder si realmente estamos encaminados a una verdadera ecología integral, podemos decir que: pese a las reflexiones, los análisis, los argumentos dados y las conclusiones alcanzadas, la dinámica del planeta no se encuentra enfocada en llegar a esa armonía tan necesaria para el bienestar de la humanidad. Eso sí, en medio del difícil panorama, abogamos por que las personas comprometidas con la dignidad y la vida, no desfallezcan en sus luchas, tan necesarias para la construcción de un mejor planeta.