La 20° Caminata de Alejandro e Inés avanza hacia El Coca motivando el cuidado de la casa común

El pasado 9 de julio, inició la peregrinación anual que reivindica la vida, obra y testimonio de los venerables Mons. Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango, misioneros que entregaron su vida por la protección de los pueblos indígenas. Como cada año, se espera que el 20 de julio los caminantes lleguen a la ciudad de Coca enalteciendo las banderas por la justicia social, la dignidad, la defensa de los pueblos indígenas y la protección de la Amazonía como parte de la casa común. El día 21 de julio se celebrará la eucaristía que conmemora a la muerte de los dos misioneros.

Por: Equipo de Comunicaciones de REPAM

En este 2026, la caminata coincide con los 800 años del tránsito de San Francisco, un momento de la fe católica que nos recuerda el amor del santo por la creación y los más pobres. Por ello, el mensaje de la peregrinación cobra un valor especial, pues Alejandro Labaka e Inés Arango regalaron al mundo esa muestra de amor y sentido de pertenencia con los pueblos indígenas de la Amazonía, su territorio y la importancia de la inmensa selva para la defensa de la vida. Quienes realizan la caminata son considerados guardianes de la querida Amazonía.

En el inicio de la peregrinación, Mons. José Adalberto Jiménez, obispo del Vicariato Apostólico de Aguarico y presidente de REPAM Ecuador, motivó a los caminantes a disfrutar de la Madre Naturaleza y a disfrutar de todo lo que brinda la casa común; además, se ha hecho eco del mensaje de hermandad y fraternidad que se busca propagar durante el recorrido que se realiza hasta la ciudad de Coca: “con Alejandro e Inés somos instrumentos de justicia y paz”.

La caminata se divide en 12 etapas que atraviesan las provincias de Quito, Napo, Sucumbíos y Orellana; cuenta con un total de 366 kilómetros y en su inicio, congregó a alrededor de 60 participantes que partieron del Santuario de Guápulo. Hasta el momento, más peregrinos se han sumado al recorrido y los participantes cuentan con el apoyo de familias y personas comprometidas que, durante el camino les acogen y suplen necesidades básicas como alimentación y lugares para descansar. Ha sido un momento propicio para replicar el llamado del amor de Jesús, expresado en el evangelio de Mateo: “Porque tuve hambre y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber; fui forastero y me recibiste”.

Con un claro llamado a la defensa de la casa común, el mensaje que se levanta durante la caminata está dirigido a enfrentar los estragos generados por la tala indiscriminada, los mecheros de la muerte, la extracción de hidrocarburos y los constantes derrames de estos. Cada uno de estos escenarios afectan a los pueblos indígenas en aislamiento, a las comunidades amazónicas, a los ríos y a la flora y fauna que conviven en la Amazonía. Mantener viva la lucha de Alejandro e Inés es mantener la esperanza de vida y dignidad para la Panamazonía y el planeta.