7 años, 7 frutos: el camino del Sínodo Amazónico sigue dando vida

El 27 de octubre se cumplen siete años de la clausura del Sínodo Amazónico, celebrado en Roma en 2019. A lo largo de este camino, sus intuiciones y propuestas siguen impulsando una Iglesia con rostro amazónico, sinodal y misionero, comprometida con la defensa de la vida de los pueblos amazónicos y el cuidado de la Casa Común. Presentamos siete frutos concretos de este proceso.

Por: Julio Caldeira IMC/REPAM*

Siete años después de la clausura de la etapa celebrativa del Sínodo para la Amazonía, el 27 de octubre de 2019, la Iglesia amazónica continúa recorriendo los caminos abiertos por este importante acontecimiento. La creación de organismos eclesiales, el impulso a la sinodalidad, la reflexión sobre una Iglesia con rostro amazónico, las iniciativas educativas y el fortalecimiento de la misión en los territorios son algunas de las expresiones de este proceso.

Son numerosas las iniciativas que surgieron o se fortalecieron a partir de las propuestas sinodales. Muchas de ellas se desarrollan en los ámbitos local, regional, nacional y panamazónico, con la participación de obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos, comunidades indígenas y otros actores comprometidos con la región.

El Sínodo, convocado por el papa Francisco en octubre de 2017 y celebrado del 6 al 27 de octubre de 2019, tras una etapa de escucha en 2018 y 2019, tuvo como tema «Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral». Su Documento Final presentó propuestas para la conversión pastoral, cultural, social, ecológica y sinodal de la Iglesia.

La publicación de la exhortación apostólica postsinodal Querida Amazonía, por parte del papa Francisco, el 12 de febrero de 2020, contribuyó a impulsar la implementación de este camino. A pesar de los desafíos impuestos por la pandemia de COVID-19 en 2020 y 2021, las comunidades y organizaciones dieron continuidad a sus procesos mediante encuentros virtuales y nuevas formas de articulación.

Siete años después, presentamos siete frutos que nos permiten reconocer algunos de los pasos dados y los horizontes que permanecen abiertos.

1. CEAMA y REPAM: navegando con rostro amazónico

Uno de los frutos más significativos del camino sinodal es la creación de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), un organismo regional que busca promover la sinodalidad y abrir nuevos caminos para la misión evangelizadora en la Panamazonía. La CEAMA nació oficialmente el 29 de junio de 2020 y fue erigida canónicamente por el papa Francisco el 9 de octubre de 2021. Su creación respondió a la propuesta del Documento Final del Sínodo de establecer un organismo que promoviera la comunión entre las Iglesias locales y contribuyera a configurar una Iglesia con rostro amazónico.

Junto con la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), la CEAMA continúa impulsando procesos de escucha, diálogo, discernimiento y acción. Ambas instituciones tienen identidades y misiones propias, pero complementarias, al servicio de los pueblos y de la misión de la Iglesia.

Esta articulación expresa una forma de caminar juntos, reconociendo la diversidad de territorios, culturas y experiencias eclesiales. El desafío permanente consiste en fortalecer la colaboración entre ambas instituciones y las Iglesias locales, para que los frutos del camino sinodal se traduzcan en respuestas concretas a las necesidades de la Amazonía.

2. La sinodalidad: de la experiencia amazónica al camino de toda la Iglesia

El proceso sinodal amazónico contribuyó a fortalecer una manera de ser Iglesia fundamentada en la escucha, la participación, el discernimiento comunitario y la corresponsabilidad misionera. Esta experiencia tuvo continuidad en diversos ámbitos, como en la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, realizada en 2021, que abrió un espacio de participación para todo el Pueblo de Dios. La REPAM y la CEAMA participaron, junto con las jurisdicciones eclesiásticas, en el proceso de escucha y discernimiento, aportando la experiencia de las comunidades amazónicas.

Posteriormente, el Sínodo sobre la Sinodalidad, realizado entre 2021 y 2024, amplió la reflexión sobre la comunión, la participación y la misión en toda la Iglesia. Entre sus referentes estuvo la experiencia de la CEAMA, fruto del proceso sinodal misionero de la Amazonía. En las Iglesias locales, este camino se manifiesta en procesos de escucha comunitaria, asambleas eclesiales, renovación de los planes pastorales y una mayor participación de los laicos y las mujeres en los espacios de coordinación y discernimiento.

La experiencia amazónica muestra que la sinodalidad no se limita a reuniones o documentos: se construye en las comunidades, en el encuentro entre culturas y en la capacidad de tomar decisiones escuchando a quienes viven en los territorios.

3. La configuración de una Iglesia con rostro amazónico: mistagogia y celebraciones

La reflexión sobre cómo celebrar la fe a partir de las culturas de los pueblos constituye otro de los caminos abiertos por el Sínodo. Su objetivo es profundizar en las posibilidades de una liturgia que dialogue con las culturas, las lenguas, los símbolos y las espiritualidades de los pueblos amazónicos, en comunión con la Iglesia universal.

El Documento Final del Sínodo propuso la necesidad de estudiar un rito propio para los pueblos originarios. En respuesta a esta propuesta, la CEAMA impulsó un proceso de reflexión e investigación, con la participación de obispos, sacerdotes, religiosas, laicos, agentes pastorales, investigadores y representantes de las comunidades.

El trabajo abarca dimensiones antropológicas, históricas, culturales, teológicas, eclesiológicas y litúrgicas. Busca reconocer las experiencias de fe transmitidas de generación en generación y profundizar en la comprensión de las formas en que el Evangelio ha echado raíces en las culturas amazónicas.

La construcción de este camino continúa en marcha. Su horizonte va más allá de las celebraciones litúrgicas: también plantea cuestiones relacionadas con la catequesis, los ministerios, la formación y las estructuras eclesiales.

Se trata de avanzar hacia una Iglesia cuya manera de celebrar, anunciar y vivir la fe esté cada vez más encarnada en la realidad de los pueblos, valorando sus culturas y respetando la diversidad dentro de la comunión eclesial.

4. Educación con rostro amazónico: valorar los saberes y abrir nuevos caminos

El Sínodo Amazónico destacó la importancia de una educación intercultural que reconozca las lenguas, las culturas y los conocimientos de los pueblos y contribuya a que sean protagonistas de la construcción de su propio futuro. Entre las iniciativas panamazónicas que expresan este compromiso se encuentran la Red de Educación Intercultural Bilingüe Amazónica (REIBA) y el Programa Universitario Amazónico (PUAM), junto con otras experiencias educativas y universitarias.

Creada en julio de 2020, la REIBA trabaja para fortalecer la educación bilingüe e intercultural propia de los pueblos originarios. Su labor articula congregaciones religiosas, jurisdicciones eclesiásticas, docentes, líderes indígenas, agentes pastorales y comunidades educativas. Busca acompañar experiencias de educación intercultural bilingüe y promover una formación vinculada a las identidades culturales y lingüísticas de los territorios.

Por su parte, el PUAM celebró su encuentro fundacional en agosto de 2022. Esta iniciativa busca ampliar el acceso a una educación superior digna y de calidad, a partir del diálogo intercultural, la valoración de los saberes territoriales y el compromiso con la defensa de la vida. En el ámbito académico, sobre la base de los aprendizajes obtenidos de los proyectos piloto de 2026, se espera implementar oficialmente en los territorios, en 2027, el curso técnico en «Gestión Integral del Territorio Amazónico». Además, el programa promueve encuentros periódicos de la «Cátedra Cardenal Claudio Hummes», como espacio académico de reflexión desde una perspectiva intercultural, territorial y panamazónica.

Ambas experiencias expresan una convicción fundamental: los pueblos amazónicos no deben ser considerados únicamente destinatarios de la educación, sino protagonistas de sus procesos educativos y sujetos de su propia historia. El desafío consiste en consolidar redes educativas, fortalecer la formación docente y facilitar el acceso a oportunidades educativas que respondan a las realidades de los pueblos indígenas, campesinos, ribereños y de las periferias urbanas.

5. Ministerialidad eclesial: reconocer el protagonismo de las mujeres y de las comunidades

El camino sinodal impulsó una reflexión más amplia sobre los ministerios, la participación de los laicos y la presencia de las mujeres en la vida y en la misión de la Iglesia. El papa Francisco promovió la participación de los laicos en la misión eclesial. En 2021, instituyó el Ministerio del Catequista y abrió a las mujeres los ministerios instituidos del lectorado y del acolitado.

Estas reformas, que se vienen implementando en muchas jurisdicciones eclesiásticas amazónicas, reconocen los dones y la vocación de los laicos, fortalecen la formación en la fe, la vida litúrgica y el acompañamiento de las comunidades, además de promover una Iglesia más corresponsable, en la que hombres y mujeres participan activamente en la evangelización y el servicio pastoral.

En la Amazonía, las mujeres desempeñan un papel fundamental en la transmisión de la fe, la animación de las comunidades, el acompañamiento pastoral, la defensa de los derechos humanos y el cuidado de la vida. Sin embargo, persisten desafíos relacionados con el reconocimiento de otras contribuciones y la participación efectiva de las mujeres en los espacios de decisión.

Entre las iniciativas promovidas en este ámbito se encuentra el trabajo de articulación de las mujeres de la Panamazonía, con espacios de formación, diálogo y reflexión. También destacan la producción de materiales y la elaboración de reflexiones que contribuyen a visibilizar sus experiencias, sus aportes y los desafíos que enfrentan en la Iglesia y en la sociedad.

La reflexión sobre la ministerialidad también invita a renovar los servicios existentes y a discernir nuevos ministerios que respondan a las necesidades de las comunidades. El horizonte es una Iglesia más corresponsable, en la que la participación no sea solo consultiva, sino que se traduzca en oportunidades reales para que los laicos, las mujeres, los jóvenes y los demás miembros del Pueblo de Dios contribuyan al discernimiento y a las decisiones pastorales.

6. Formación misionera con rostro amazónico: aprender desde el territorio

La formación de sacerdotes, religiosos, religiosas y agentes pastorales es otro de los ámbitos impulsados por el Sínodo. La realidad amazónica exige procesos formativos que integren las dimensiones humana, espiritual, pastoral, cultural y socioambiental de la misión.

En diferentes jurisdicciones eclesiásticas, se han promovido iniciativas para fortalecer la formación de seminaristas en contextos amazónicos, así como espacios de formación para laicos, ministerios eclesiales y comunidades religiosas. También se han impulsado cursos de introducción e inculturación para misioneros que llegan de otros territorios, con el objetivo de facilitar el conocimiento de la región, sus culturas, sus desafíos y sus modos de vida.

La formación misionera exige aprender a escuchar, dialogar con las culturas y reconocer los conocimientos de los pueblos. Supone también preparar agentes pastorales capaces de acompañar a comunidades dispersas, comprender los desafíos socioambientales y colaborar en los procesos de defensa de la vida y de los derechos humanos.

En este horizonte, los seminarios, centros de formación, congregaciones religiosas y universidades están llamados a fortalecer sus vínculos y desarrollar propuestas que integren los saberes territoriales y la experiencia de las comunidades. La meta es una formación que no se limite a preparar para trabajar en la Amazonía, sino que enseñe a formarse con la Amazonía, a partir de la escucha de sus pueblos y del compromiso con su realidad.

7. Una Iglesia itinerante, articulada y comprometida con los pueblos

El último fruto reúne varias dimensiones inseparables de la misión amazónica: la presencia en los territorios, la articulación entre fronteras, la defensa de los derechos humanos, la justicia socioambiental, el buen vivir y la comunicación al servicio de los pueblos.

El Documento Final del Sínodo propuso la creación de una red itinerante que reuniera los esfuerzos de los equipos que acompañan y dinamizan las comunidades. Las articulaciones panamazónicas buscan visibilizar y fortalecer las experiencias de equipos misioneros integrados por religiosos, religiosas y laicos. Estos equipos recorren ríos, carreteras y territorios para acompañar a las comunidades, especialmente a aquellas que viven en lugares de difícil acceso. Su presencia ayuda a tejer vínculos entre pueblos, Iglesias locales y organizaciones, superando fronteras geográficas y administrativas.

La articulación misionera se complementa con el trabajo de la Iglesia en las fronteras, donde se promueven iniciativas de formación, ayuda humanitaria, intercambio cultural y acompañamiento a comunidades que comparten territorios y desafíos.

Otro componente esencial es la defensa de los derechos humanos. Por medio de procesos formativos, informes regionales y acciones de incidencia, la REPAM contribuye a visibilizar situaciones de vulneración de derechos y a fortalecer las capacidades de líderes indígenas, afrodescendientes y campesinos, así como de los agentes pastorales.

De igual manera, el trabajo por la justicia socioambiental y el buen vivir promueve alternativas que valoran los saberes ancestrales, la soberanía alimentaria, la economía solidaria y el cuidado de la Casa Común, presentes en plataformas como «Saber REPAM».

Por último, la comunicación articulada permite conectar experiencias, compartir aprendizajes y dar visibilidad internacional a las realidades amazónicas. Las redes de comunicadores, los espacios de formación y la producción de contenidos contribuyen a que las voces de los pueblos lleguen a nuevos espacios y fortalezcan la misión compartida.

Así, una Iglesia misionera es aquella que no espera a que las comunidades lleguen hasta ella, sino que sale a su encuentro, recorre los territorios y construye relaciones de fraternidad, escucha y compromiso.

Siete años después: un camino que continúa…

Siete años después del Sínodo Amazónico, estos frutos muestran que el proceso no se limitó a la realización de una asamblea o a la publicación de documentos. Contribuyó a impulsar nuevas formas de organización eclesial, ampliar la participación, fortalecer iniciativas educativas, profundizar en la inculturación de la fe y articular la misión en los territorios.

Sin embargo, no todos estos caminos presentan el mismo grado de desarrollo. Mientras algunas iniciativas cuentan con estructuras consolidadas y experiencias concretas, otras continúan en etapas de discernimiento, elaboración o implementación, muchas de ellas por iniciativa de alguna Iglesia local o regional.

El desafío es dar continuidad a los compromisos asumidos, fortalecer la colaboración entre las Iglesias locales y las organizaciones panamazónicas, y garantizar que las propuestas sinodales se traduzcan en cambios concretos en la vida de las comunidades.

El horizonte sigue vigente: construir una Iglesia con rostro amazónico, capaz de escuchar a los pueblos, aprender de sus culturas, reconocer sus ministerios, defender sus derechos y caminar junto a ellos en el cuidado de la Casa Común.


* El P. Julio Caldeira es misionero de la Consolata en la Amazonía colombiana. Vicepresidente de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) y miembro del Consejo de Comunicación del CELAM, es autor de los libros «Avancen para aguas más profundas» e «Iglesia con rostro amazónico», publicados en español por la Editorial CELAM en 2026.