
La conmemoración del Día Internacional de las Mujer, este 8 de marzo, tiene mucho que decirnos. En la lucha por los derechos de la mujer aún falta mucho por recorrer, pero el camino ya está trazado y ¡No se puede retroceder! Desde el núcleo Mujeres y Amazonía de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) resalta el trabajo de coordinadoras eclesiales o de organizaciones, animadoras de comunidades, formadoras sociopolíticas, madres, educadoras y religiosas. Nuestros frentes de trabajo son diversos.
Por: Fátima Fonseca – Núcleo Mujeres y Amazonía
En la Panamazonía, las mujeres vivimos, acompañamos y canalizamos denuncias de los más variados tipos, referentes a los territorios y nuestros propios cuerpos. Los procesos se refieren a violencias domésticas, culturales, psicológicas o políticas, entre otras. Cuando nuestros territorios son expropiados, nuestros cuerpos también son despojados; sufrimos con la pérdida del agua potable, de nuestros bosques y selvas, de nuestros modos de vida —agrícolas, pesqueros y de producción—, de los saberes tradicionales y de la formación cultural de nuestras niñas, niños y jóvenes.
Resuenan en nuestras mentes los sueños social, cultural, ecológico y eclesial. Cuando leemos el documento Querida Amazonía, nos sentimos dentro del Sínodo para la Amazonía, realizado en octubre de 2019; allí, gracias a la fuerza de la participación de las mujeres en todas sus etapas, se reconoció: “En una Iglesia sinodal, las mujeres, que de hecho desempeñan un papel central en las comunidades amazónicas, deberían poder tener acceso a funciones e incluso servicios eclesiales que no requieran el orden sagrado y que permitan expresar mejor su lugar propio. Conviene recordar que tales servicios implican una estabilidad, un reconocimiento público y un envío por parte de los obispos. De aquí, resulta también que las mujeres tengan una incidencia real y efectiva en la organización, en las decisiones más importantes y en la conducción de las comunidades, pero sin dejar de hacerlo con el estilo propio de su perfil femenino”.
La escritura nos alegra, pero en la práctica diaria (sobre relación con el trabajo y la participación de las mujeres en la toma de decisiones) al menos dentro de la Iglesia, no parece evidenciarse un cambio de mentalidad dentro de las estructuras eclesiales, ni de las otras estructuras sociales, económicas y políticas. Nuestras comunidades y territorios conviven con la violencia cotidiana; asesinato de líderes de pueblos originarios, invasión persistente en los territorios amazónicos por proyectos económicos y de poder, tráfico de drogas, explotación y abuso sexual de niñas, niños y jóvenes. La banalización de la vida es la información más difundida por las redes sociales y los grandes medios de comunicación, ahora maximizada por la inteligencia artificial.
Nosotras, desde el núcleo de Mujeres y Amazonía de la REPAM, ¡clamamos por la vida! El cuidado, la acogida, la articulación y la denuncia de todo tipo de violencia nos fortalecen cada día. Sabemos que “Ruah” nos acompaña, nos anima y nos ilumina, ante la necesidad de cambiar el paradigma tecnocrático que somete a la humanidad en su conjunto y afecta a los más pobres y a la supervivencia en la Tierra. Lloramos nuestras pérdidas, pero estamos unidas y confiadas en que no basta celebrar la vida de las mujeres; necesitamos protegernos de la violencia doméstica, del feminicidio y de todas las formas de violencia psicológica, cultural y política que, durante siglos nos han enseñado y que continúan aprisionándonos en la baja autoestima y en el miedo a comprometernos en la lucha por transformar todas las situaciones que impiden nuestro crecimiento intelectual, político y profesional.
Sigamos juntas y en red. ¡Somos las semillas de Vida, de Derechos, de soberanía en nuestros territorios y de protagonismo en la Iglesia!
¡Mujeres organizadas, vidas garantizadas!